Hace un tiempo que vengo leyendo articulos y personalidades que hablan de que existe una “soledad masculina” o bien que los varones sufrimos más de la soledad que las mujeres.
¿Ustedes que piensan? ¿Lo sienten así?
Hace un tiempo que vengo leyendo articulos y personalidades que hablan de que existe una “soledad masculina” o bien que los varones sufrimos más de la soledad que las mujeres.
¿Ustedes que piensan? ¿Lo sienten así?
Qué valioso que traigas esta pregunta. Ya el hecho de detenerte a pensarla y ponerla en palabras va un poco a contramano de esa soledad de la que se habla.
Muchos varones crecemos aprendiendo a arreglárnoslas solos, a no molestar, a no pedir, a no mostrar lo que duele. No porque no sintamos, sino porque no siempre tuvimos espacios donde eso fuera bienvenido. Y ahí la soledad no es tanto “estar sin gente”, sino no tener con quién ser de verdad.
Tal vez el desafío no sea responder si los varones sufrimos más o menos, sino qué hacemos con eso: animarnos a hablar, a pedir compañía, a construir lazos más honestos entre hombres. Nombrar la soledad, muchas veces, ya es empezar a salir de ella.
Sí, pero también me pregunto por qué hablamos de “soledad masculina” y no de soledad en general, sin importar el género.
En muchos espacios de internet se ve a hombres expresando frustración como si la sociedad les debiera algo, como si hubieran hecho todo “bien” y ahora les faltara una recompensa que nunca llegó.
Creo que mucha de la infelicidad, tanto en varones como en no varones, nace justamente de esa forma de pensar, muy transaccional.
Esto creo que se está dando mucho efectivamente porque cada vez estamos más aislados y naturalmente somos seres sociales y en particular en hombres nos guardamos todo y nos cuesta tener instancias de abrirnos sin algún prejuicio. Entonces todo lo que se guarda se acumula al no tener la confianza de compartirlo con nadie.
una gran pregunta para contestar en soledad valga la redundancia, creo que el primer gran problema es que los hombres muchas veces nos ignoramos y nos dejamos solos a nosotros mismos, entonces desde ahi se forjan los vínculos con los demás, desde ese nivel de auto abandono que tengamos o no cada uno
Hola Felipe! Cómo estás?
¡Qué suerte encontrarte por acá!
Coincido que muchas veces a los varones nos cuesta un montón profundizar en nuestras relaciones, abrirnos y mostrarnos vulnerables. Eso nos genera miedo, porque asociamos la vulnerabilidad con la fragilidad. La sensibilidad a lo largo de la historia no ha sido una herramienta masculina y siempre se ha catalogado de “marica al que llora”. Ojalá podamos sembrar esta semilla, donde ya no tengamos que llorar solos, aguantarnos, ser machos sin cuidado. Sino ser una generación de hombres sensibles, que nos animamos a mostrar nuestras emociones y compartir nuestros sentimientos.
Hola Matías, estoy retomando algunos pendiente de conversaciones que para mi tienen un significante necesario y lo que compartes/analizas o reflexionas me hace sentido.
Algunos artículos hablan de una “crisis de soledad masculina”. Pero más que una crisis nueva, es la consecuencia de cómo nos enseñaron a “ser hombres”.
Diría que muchas veces son mandatos invisibles que aprendimos, pues desde niños, a los hombres nos enseñaron mensajes como:
“Los hombres no lloran”, “tienes que ser fuerte”, “,no pidas ayuda”, “resuelve tus problemas solo”
Estos mandatos, que el investigador R.W. Connell llama en su libro masculinidades, “masculinidad hegemónica”, funcionan como una caja invisible que limita cómo podemos relacionarnos, con un costo: pobreza relacional.
Por ejemplo,
Vocabulario emocional limitado: En algunas ocasiones podemos nombrar 5 emociones básicas (bien, mal, enojado, cansado, estresado). Si no puedo nombrar lo que siento, ¿cómo lo comparto?
Amistades superficiales: En algunos casos algunas amistades masculinas suelen basarse en hacer cosas juntos como deportes, trabajo, tragos, deporte (usualmente fútbol), en donde raramente, podemos hablar de cómo estamos, como indirectamente leo en esta reflexión y agradezco esto. Pues cuando preguntamos “¿cómo estás?”, la respuesta esperada es “bien” — aunque no sea cierto.
Acá en tu reflexión puede haber una oportunidad centrada en la paternidad, que hoy lo leo de esta forma como reflexión, no como libro ni cátedra.
Ampliar el vocabulario emocional de nuestros hijos/as:
Por ejemplo, en llugar de “¿cómo estás?” → “¿Qué sentiste hoy?”
Darle nombre a las emociones específicas: frustración, decepción, orgullo, ternura
Y lo má complejo hoy puede ser (para mi) es modelar: “Papá está triste porque…” (no solo “estoy bien”)
Por otro lado, puede ser alidar todas las emociones, no solo el enojo:
Permitir el llanto: “Está bien llorar, es una forma de sanar”, no ridiculizar la expresión emocional: nada de “no seas niñita…” o "aguántate” y algo que grande (edad) he aprendido a celebrar la (mi) vulnerabilidad: “Qué valiente que me contaras eso”
Para cerrar por ahora, esta breve reflexión que invitas con tu pregunta, es que la la “soledad masculina” no es un destino biológico.
Es el resultado de mandatos culturales que podemos cuestionar y cambiar. Como papás, creo que tenemos el poder de criar una generación que sepan conectar, sentir, pedir ayuda y sostener amistades profundas, en especial si tengo hijos que se identifican con la masculinidad.
Porque un hombre que puede decir “me siento solo y necesito apoyo” para mi, no es débil — es valiente y está construyendo una vida más plena.
A veces leer datos ayuda a entender que muchas de las cosas que vivimos como papás no nos pasan solo a nosotros.
Por eso me permito compartir con la Tribu el nuevo informe Estado de los Padres en el Mundo 2026, publicado por Equimundo, una investigación global que recoge la experiencia de miles de madres, padres y personas cuidadoras en distintos países.
El estudio pone palabras y números a algo muy real: muchos hombres quieren vivir una paternidad más presente, amorosa y cercana… pero no siempre encuentran las condiciones para hacerlo.
9 de cada 10 padres dicen que cuidar a sus hijos es una de las experiencias más gratificantes de su vida.
Esto derriba un mito viejo: no falta interés. Muchas veces faltan tiempo, energía o apoyo.
El informe muestra padres agotados por presión económica, jornadas largas y falta de tiempo.
Ese cansancio silencioso también impacta cómo criamos, cómo nos vinculamos y cómo nos sentimos.
Todavía pesa la idea de que el valor del hombre depende principalmente de cuánto aporta económicamente.
Pero ser papá también es acompañar, escuchar, contener, jugar, cuidar y estar.
Muchos padres sienten que reparten el cuidado de forma justa, pero muchas madres no lo viven igual.
Eso invita a revisar algo importante:
No se trata de “ayudar”.
Se trata de compartir responsabilidad.
Estrés financiero, agotamiento y sobrecarga afectan el bienestar mental de muchos padres.
Y todavía a muchos hombres nos cuesta pedir ayuda o hablar de lo que nos pasa.
El informe muestra que la comunicación en pareja es uno de los factores que más ayuda al bienestar y al disfrute de la crianza.
Conversar más y mejor también es cuidar.
Muchos padres piden flexibilidad laboral, licencias y herramientas concretas para estar más presentes.
No todo depende de la voluntad individual. También importan los sistemas.
Porque varias de estas tensiones aparecen seguido en nuestras conversaciones:
Comparto este resumen en audio (generado con IA), ideal para escuchar mientras manejas, caminas o haces alguna tarea:
El informe completo en español está disponible aquí:
Me gustaría dejar una pregunta simple:
¿Qué parte de este informe se parece más a tu experiencia como papá hoy?
Acá nadie cría solo.