Qué linda pregunta Nano. Ser papá también mueve nuestros tiempos, nuestros hobbies y la forma en que habitamos el descanso. Y a muchos nos pasa que algo tan simple como sentarnos a jugar un rato parece, por un tiempo, quedar en pausa. 
Creo que a muchos padres nos ocurre que no hay un “momento exacto” en que vuelve, sino que vuelve de otra forma. Al principio, sobre todo en los primeros meses o el primer año, el tiempo propio es muy escaso. El cansancio gana. Y cuando hay un rato libre… a veces lo único que queremos es dormir.
Después, de a poco, empiezan a aparecer pequeños espacios. Algunos papás cuentan que lo lograron cuando los hijos empezaron a tener rutinas de sueño más estables. Otros lo encontraron negociando tiempos con la pareja, cuidando que ambos tengan momentos propios. Y muchos descubrieron que ya no juegan tres horas seguidas, sino tal vez 30 o 40 minutos, pero disfrutados de otra manera.
También pasa algo lindo con el tiempo: los hijos crecen. Y un día, sin esperarlo demasiado, te miran jugar. Preguntan. Se sientan al lado. Agarran un joystick viejo. Y lo que era un hobby personal empieza a convertirse, a veces, en un pequeño ritual compartido.
Ser papá no necesariamente significa dejar de lado lo que nos gusta. Muchas veces significa reaprender a hacerlo en otra escala, con otros ritmos y con más conciencia del tiempo.
Y también es sano recordarlo: un papá que tiene pequeños espacios para sí mismo también cuida su bienestar. Y eso, indirectamente, también es cuidar a la familia.
Capaz la pregunta no es tanto cuándo vuelve el gaming, sino cómo vamos encontrando de nuevo esos pedacitos de nosotros mismos dentro de la vida familiar. Y eso, casi siempre, sucede paso a paso. 
