Para muchos varones padres, el trabajo y las finanzas no son solo una cuestión práctica: son identidad, mandato y, muchas veces, silencio.
Nos enseñaron —sin decirlo del todo— que “ser buen padre” era traer el sustento. Que si el dinero entra, el amor está cubierto. Que el cansancio se banca, que la angustia se guarda, y que las cuentas se pagan aunque el cuerpo y la cabeza estén en rojo.
Y así, sin darnos cuenta, empezamos a medir nuestro valor en horas trabajadas, en ingresos, en “si alcanza o no alcanza”.
Sabemos que ese mandato pesa. Mucho. Genera ansiedad, culpa, miedo al fracaso.
Porque cuando el trabajo falta o el dinero no alcanza, no solo se mueve la economía: se sacude la autoestima, el lugar como padre, la sensación de valía personal. Y eso duele, aunque a veces se disimule con humor, con enojo o con un “todo bien”.
El problema no es querer sostener. El problema es creer que solo servimos para eso.
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La clave está en la última frase de lo que mencionas @Andres, el problema es creer que solo servimos como proveedores, ese cambio de mentalidad es sano para todos. Conozco por varios trabajos que he estado a muchos varones que se toman tan a pecho el rol exclusivo de proveedor que se olvidan de lo más importante, estar, compartir y terminan siendo un desconocido en sus propios hogares, prefiriendo hacer horas extras en la oficina que llegar a la casa o hasta terminan separados.
Irónicamente muchas de las personas que tuvieron esas realidades fueron mis mejores mentores en validar lo más importante, los trabajos pasan, pero nuestros hij@s crecen una sola vez y nuestras relaciones con nuestros seres queridos se cultivan día a día.
Queda mucho por hacer al respecto, ya que no solo entre varones existe esta medición, sino la misma sociedad nos valora en cuanto más o menos dinero traes al hogar más que sobre que tan presente estás en la vida de tu familia.
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Tambien hay que pensar que el manejo de la economía familiar depende de uno. Mis hijos me piden que juege con ellos y pase tiempo, pero tambien golosinas, juguetes, paseos, televisión y otras cosas divertidas que tienen un costo.
Es uno como adulto quien debe llevar la economía de los gastos y pensar en el trabajo que lleva eso ademas. Entonces, querramos o no, somos proveedores económicos del hogar, y somos también responsables por como se administra esos recursos.
Para mi es fundamental por eso darles educación financiera desde pequeños. Sin malinterpretarse, es pensar estrategias de administración de recursos. Desde saber no gastar porque sí, hasta compartir y dar a quienes menos tienen.
Nos cuesta a los varones más el tema dinero por una mezcla de mandatos de masculinidad (el éxito de los varones mucho reside en tener bancada económica) y también porque no hemos tenido una educación en valores donde el dinero es solamente un conducto para mejorar la vida de los demás y la nuestra.
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Mi padre en su vida laboral fue de esos que se encargaba del sustento economico sin importar las consecuencias que el trabajo tuviera en el resto de su vida (familiar, individual).
Hoy con mi pareja, si bien trabajamos los dos, soy el que aporta mayor cantidad de dinero y Florencia mas tiempo en cuidados.
Por mas de que me es dificil pensar en no ser el “mayor proveedor” de dinero, intento hacer el ejercicio de pensar que esto es circunstancial y que en otro momento puede ser diferente. Ademas de estar abierto a los cambios que vayan surgirndo. Hoy tengo un trabajo que me permite equilibrar la mayor parte del tiempo mis diferentes espacios asi que eso me deja satisfecho.
Yendo a la pregunta del tema, creo que ser padre es intentar acordar en pareja como queremos y podemos ir desarrollando nuestras carreras profesionales y cuidar el equilibrio de tiempos y disponibilidad entre el trabajo, la familia y el cuidado personal.
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Excelente esa definición, me gustó mucho. Sin dudas que encontrar ese equilibrio es bien importante y desafiante a la vez.
Por otro lado recuerdo en mi infancia y adolescencia crecer con la crisis del 2002. En mi casa fue muy dura y sobre todo para mi padre en lo laboral, perdió el trabajo y estuvo muchos años sin poder conseguir uno nuevo, solo alguna changa para pasar alguna necesidad.
Recuerdo también su gran impacto en su autoestima, recuerdo ver a mi padre muy deprimido 
También recuerdo que en esa época muchos varones se quitaron la vida producto de la crisis económica por la pérdida de sus empleos y estatus.
Leyéndolos a todos, y como siempre, sus palabras me hacen pensar y sentir mucho.
Lo que dice @Andrés sobre medir el valor en horas trabajadas y en “si alcanza o no alcanza” me resuena profundo. Hubo una etapa, cuando mi hija estaba en el colegio y comenzando la universidad, en que pude sostener ese rol con más holgura. Hoy vamos con lo que se puede, y sí, a veces es complejo y doloroso. Pero como bien apunta Sebastian, los trabajos y las circunstancias cambian, lo que no cambia es la decisión de estar y de seguir aportando con amor.
@Matías toca algo importante con la educación financiera y la administración, y Leandro con eso de entender que el rol de proveedor es circunstancial, no una identidad fija. Creo que ahí está la clave para muchos de nosotros: soltar esa medida tan rígida de lo que “debería ser” para abrirse a lo que genuinamente se puede dar en cada momento.
Eso, para mí, es lo que se tiene que modificar, para seguir aportando siempre, con todo el amor y con lo que se tiene. Un paso más en esto de deconstruir y seguir aprendiendo.
Los leo siempre, aunque a veces me tome un tiempo poder escribir. Un abrazo a todos.
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