Ya nadie quiere tener hijos? Por qué?

Hoy leí este articulo sobre la caida de un 50% de la natalidad en la Argentina. Me pregunto sin quedarme con certezas sobre el tema. ¿Qué creen ustedes?

Aqui el articulo en cuestion:

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La tasa de fecundidad argentina (1,23) es similar a la de Italia (1,21) y Polonia (1,2), y es de las más bajas de la región, junto con la de Chile (1,03) y la de Uruguay (1,25). Refleja una tendencia global que llega a todo el mundo en menor o mayor medida, salvo algunos países de África.

“Con el factor económico, la tendencia siempre es un poco más difusa. Por lo general, los países, al igual que las familias, a medida que se hacen un poco más ricos, tienen menos hijos. Y lo que vemos en la Argentina desde 2014 no es justamente una población que se está enriqueciendo, sino lo contrario. Entonces ahí la tendencia es más difusa, porque es cierto que la cuestión económica puede tener un peso a la hora de decidir cuándo ser madre o padre, o cuántos hijos tener. Pero en general la tendencia a nivel mundial suele ser al revés”, explicaron a LA NACION desde el Programa de Protección Social de Cippec.

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Además de las respuestas típicas de costo de vida, economía y logística, creo que hoy en día hay más opciones de proyecto personal posible. Es decir, formas válidas de vivir sin hijos y menos presión para seguir la idea de la familia tradicional.

Creo que antes también había gente que no quería tener hijos pero no podía decirlo abiertamente y eso seguramente influye en este tipo de encuestas.

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Es una pregunta que toca fibras profundas.
Muchas personas hoy no rechazan a los hijos, sino las condiciones en las que se supone que hay que tenerlos.

Vivimos en un mundo más incierto: precariedad económica, trabajos inestables, poco apoyo estatal, redes familiares más frágiles. Tener hijos ya no se percibe como algo “natural” que sucede, sino como una decisión de altísimo costo emocional, económico y mental. Y cuando la crianza se vive —o se observa— como agotamiento, soledad y sobreexigencia, es lógico que aparezca el freno.

También hay algo nuevo y valioso: más gente se permite preguntarse si realmente desea maternar o paternar, y no hacerlo por mandato. Se cuestionan los modelos de crianza, los roles de género, la renuncia al tiempo propio, al cuerpo, a los proyectos personales. Especialmente cuando el cuidado sigue recayendo de forma desigual y el “amor alcanza” pero no reemplaza el sostén real.

Quizás no sea que la gente no quiera hijos, sino que no quiere perderse a sí misma en el intento.
Y esa pregunta, incómoda pero honesta, dice mucho de nuestra época.